Empatía y la objetividad.
(Cuídate de los ojetes)
Por Jorge Luis Falcón Arévalo.
Para entender un problema tienes que escuchar a las dos partes. Es como estar en un puente, tienes que cruzarlo; esas dos orillas te permitirán avanzar. No puedes vivir de la mitad de los cuentos. Para entender la historia, por respeto a la opinión futura, debes saber escuchar. Entender, pensarlo, pues.
Dijo Emerson ·La tarea más difícil del mundo es pensar”.
La empatía y la objetividad son las herramientas justas para respetar a las personas. No se puede juzgar a la ligera a alguien cuando careces de los elementos necesarios para emitir una opinión, o juzgarla solo por el hecho de dejarte guiar por un comentario de mala fe. La "estridencia de la envidia" es un veneno histórico que, lamentablemente, siempre encuentra oídos receptivos en quienes prefieren el chisme ligero al esfuerzo de la comprensión. Cuando la mediocridad no puede alcanzar la grandeza, la luz o la autenticidad de alguien, su única salida es intentar destruirla con narrativas falsas.
La masa, movida por el rencor, el miedo a lo diferente o la pura mala fe, ha destrozado a lo largo del tiempo vidas extraordinarias. Recordemos al filósofo Sócrates, condenado a beber la cicuta bajo falsas acusaciones de corromper a la juventud, cuando su único "delito" era hacer que la gente pensara por sí misma y cuestionara el poder. A escritor y poeta Oscar Wilde, quien en la cúspide de su genialidad literaria fue juzgado y encarcelado con trabajos forzados por la intolerancia y la hipocresía de una sociedad victoriana que no soportaba su brillantez ni su naturaleza. O al inventor Nikola Tesla, un visionario adelantado a su tiempo que murió en la pobreza y el olvido, en gran parte eclipsado y boicoteado por la voracidad comercial y la envidia de rivales que no podían competir con su genialidad desinteresada. Ni hablar del escritor Alfonso Marqués de Sade, quien aislado por mentes insidiosas escribió hasta con su sangre las culpas y pecados de sus calumniadores.
Vivir de "la mitad de los cuentos" solo alimenta la polarización, los malentendidos y los veredictos injustos. Juzgar sin elementos, o dejarse llevar por el eco de la maledicencia, es abdicar, deponer o declinar de nuestra propia inteligencia. La empatía y la objetividad no son lujos; son escudos éticos para no convertirnos en cómplices de esas injusticias cotidianas. Al final, la historia acomoda a cada quien, en su lugar, pero el daño que hace el prejuicio en el camino sigue siendo una de las grandes tragedias humanas. Por el eco que encuentra entre los irracionales.

